Soy una de las que también cayó en el “figureo” farandulero de las imágenes por Facebook. Agradezco a su fundador, Mark Zuckerberg, por esta red social, que se ha convertido en una de las más poderosas del mundo, pero también reconozco que nos ha atrapado y, de cierto modo, nos ha hecho depender de ella.
Millones de personas han reemplazado relaciones cercanas, cara a cara, por imágenes y publicaciones que no siempre reflejan la realidad. Facebook no es responsable de nuestras acciones, de nuestra inmadurez o de nuestra baja autoestima. Sin embargo, muchos buscamos aprobación en cada “me gusta” o comentario: “Qué linda”, “Qué guapo”, “Hermoso”, y así sucesivamente. Buscamos ser vistos, escuchados y reconocidos, porque a veces la existencia se siente vacía y desolada; vivimos rodeados de gente y, al mismo tiempo, nos sentimos solos como en un desierto.
Muchas personas encuentran en las redes sociales un espacio para hacerse sentir, para ser vistos. Me da pena ver a tantas, especialmente jóvenes, publicando fotos con mensajes como “Así soy, feliz”, cuando en realidad no lo son. Necesitan ayuda para encontrarse consigo mismas.
Hoy, términos como Nomofobia —el miedo a estar sin el celular— y la llamada Depresión de Facebook se han vuelto comunes. Cada vez más, jóvenes, adultos e incluso niños caen en estas “enfermedades modernas”, reemplazando lo más valioso: la cercanía humana.
¿Hasta dónde llegaremos? ¿Son las redes sociales más poderosas que la fuerza de construcción que llevamos dentro?
Yo me detengo y me pregunto: ¿Soy linda? ¿Cómo soy? ¿Quién soy realmente? Me tomo un selfie y me sonrío. Miro mis fotos y reflexiono: esta me gusta, esta no, esta la arreglo en el editor… y así, poco a poco, empecé a encontrarme conmigo misma.
No niego que es lindo compartir imágenes, sentimientos y pensamientos que edifican. Muchos de ellos me han tocado el alma, me han levantado el ánimo y me han devuelto la esperanza. Pero me entristece ver a personas mostrando perfiles e imágenes de lo que desean ser, no de lo que son; peor aún, pretendiendo aparentar lo que no tienen. A eso lo llamo miseria humana.
He decidido usar menos fotos mías. He decidido tomar un tiempo de construcción interna y externa, para reparar lo que está obstruido, para volver al encuentro con un lápiz, una libreta, para contemplar la vida, hacer silencios y escribir aquello que queda en el alma y da fruto en abundancia.
Claro que compartiré algunas emociones, experiencias y fotos de vez en cuando. Pero debemos ser conscientes: no todo debe mostrarse, no todo merece ser expuesto 24/7. Las redes sociales deberían poner un límite diario de imágenes, porque muchas veces la gente no tiene control.
Facebook es un libro de fotos, pero no abusemos. Miremos primero las mejores fotos frente a nosotros: nuestros seres queridos y a nosotros mismos.
Estoy en construcción, en reparación, lista para escribir nuevas historias.
Jacqueline Tineo

